Selene y Fiorella se despidieron apresuradamente del sacerdote.
Sabiendo que no era seguro acompañarlo a la parroquia le entregaron un billete como pago al taxista que lo llevaría a repartir almuerzos a las personas del barrio.
Selene revisó su cartera y se apresuró a darle al sacerdote una pequeña cantidad de dinero.
— Es un aporte de nuestra parte —dijo Selene, forzando una sonrisa que apenas ocultaba el temor en sus ojos.
— Padre, cualquier necesidad que se le presente, usted no dude en llam