El aroma a canela y manzana inundaba la cocina mientras Emma batía enérgicamente la mezcla para el pastel. Sus pequeñas manos sostenían el batidor con determinación, la punta de su nariz manchada de harina. Thomas, a su lado, cortaba las manzanas en rodajas finas, con la precisión de quien ha aprendido que los detalles importan. Cassandra los observaba desde el umbral, con una taza de té entre las manos y el corazón dividido entre la felicidad y el miedo.
—¡Papá, así no! —exclamó Emma entre ris