El cielo amenazaba tormenta cuando Thomas estacionó su auto frente a la escuela de Emma. Llevaba quince minutos de anticipación, tiempo suficiente para que la ansiedad se apoderara de él. Apoyó la frente contra el volante y respiró hondo. Las nubes grises se arremolinaban sobre la ciudad, como un reflejo perfecto de su estado de ánimo.
Salió del vehículo y se recostó contra la puerta. El viento frío le revolvió el cabello mientras observaba la entrada del colegio. Padres y madres comenzaban a l