El reloj marcaba las siete y media cuando finalmente cerré la galería. Había sido uno de esos días interminables en los que todo parece conspirar para agotarte: clientes indecisos, una entrega retrasada de marcos personalizados y la llamada de un artista anunciando que no podría entregar sus obras para la exposición de la próxima semana. Para cuando giré el cartel de "Cerrado" y bajé las persianas metálicas, sentía cada músculo de mi cuerpo protestando por el cansancio.
El trayecto a casa fue u