La fiesta de bodas se extendió hasta el anochecer, cuando las últimas copas de champán fueron vaciadas y los invitados finalmente comenzaron a despedirse. Mis pies dolían en los zapatos de tacón que había usado por horas, y mi rostro casi dolía de tanto sonreír para las fotografías.
—Creo que sobrevivimos —comentó Christian, mientras subíamos la escalinata principal de la mansión.
—Casi no lo puedo creer —respondí, ajustando uno de los pétalos que amenazaba con soltarse del vestido. Debería ha