Desperté con los primeros rayos de sol filtrándose a través de las cortinas entreabiertas, mi cabeza aún pesada por el vino de la noche anterior. Me tomó algunos segundos registrar dónde estaba —y más importante, con quién. Christian dormía profundamente a mi lado, un brazo aún flojamente alrededor de mi cintura. Observé su rostro relajado en el sueño, tan diferente de la expresión controlada que mantenía cuando estaba despierto.
Cuidadosamente, me liberé de su abrazo y me levanté. Teníamos un