El fuerte analgésico de la Doctora Leslie hizo efecto rápido. Ariadna durmió durante horas. Cuando despertó, la luz en la habitación ya era tenue, teñida de naranja y azul del anochecer. Se sentó despacio en la cama. El dolor era ahora una molestia sorda, soportable, pero la férula en su nariz se sentía extraña.
Se puso de pie. El vestido negro de tirantes se sentía suave. Tenía el vientre vacío. Recordó la sopa y el pollo que Masha, la cocinera, había preparado.
Salió al salón. La sala de esta