El aire en la biblioteca privada de Dante pesaba de una forma casi física. No era solo el olor a papel viejo, a encuadernaciones de cuero o al ligero rastro de cera de los muebles; era la electricidad estática que emanaba de ellos dos, una tensión que llevaba días cocinándose a fuego lento y que finalmente había reventado tras el altercado con Miles y Akira. Ariadna sentía que el resto del mundo se había quedado fuera, al otro lado de esa puerta de madera maciza. Allí dentro, el tiempo se había