Arthur sostuvo la mirada de Ariadna durante varios segundos. Demasiados. Y mientras más tiempo permanecía callado, más claro se volvía todo dentro de la cabeza de ella. Dante seguía vivo. Tal vez herido. Tal vez escondido. Tal vez atrapado en algún lugar. Pero vivo. Porque si realmente estuviera muerto, Arthur no reaccionaría así cada vez que escuchaba su nombre.
Ariadna sintió el corazón golpeándole el pecho con fuerza mientras daba un paso lento hacia adelante, sin apartar la mirada de su pad