Ariadna sintió que el corazón dejaba de latirle por un segundo.
Arthur estaba allí.
Dentro del pasillo estrecho del edificio.
Mirándola con unos ojos llenos de una furia tan fría que le heló completamente la sangre.
Elena estaba delante de él, rígida, con el rostro pálido y las manos temblando ligeramente. Ariadna tardó apenas un instante en notar la forma en que su padre la sujetaba del brazo.
Demasiado fuerte.
—Papá… —susurró sin poder evitarlo.
Arthur empujó suavemente a Elena hacia adelante