Arthur maldijo inmediatamente por lo bajo.
El sonido de la voz de Wilson al otro lado de la puerta había cambiado algo dentro del ambiente. La tensión seguía allí, pesada, asfixiante, pero ahora también había nerviosismo. Arthur ya no parecía completamente seguro de controlar la situación.
Ariadna lo notó enseguida.
Y supo que tenía que aprovecharlo.
Wilson volvió a tocar la puerta.
—¿Señorita Ariadna?
Arthur levantó nuevamente el arma hacia Elena y le lanzó una mirada cargada de advertencia.
—