El vestíbulo de las oficinas de VerdeGlobal en la Ciudad de Oro era un templo de vidrio, acero y plantas vivas. Todo olía a nuevo, a dinero limpio y a café de comercio justo. Luna y Mateo, acompañados por Sofía, esperaban en sofás de diseño mientras un asistente les ofrecía agua con infusión de pepino. La tentación era palpable y seductora.
—Recuerden —susurró Sofía, hojeando su carpeta—, sonrían, escuchen, no comprometan nada. Sólo estamos en fase de exploración.
La reunión con el director reg