El interior de la cabaña era una cápsula del tiempo de un trauma. El polvo flotaba en los haces de luz que entraban por la puerta abierta y la ventana rota. La única habitación era pequeña, con un suelo de tierra apisonada. A la izquierda, una vieja litera de madera, con un colchón podrido que había sido roído por animales. A la derecha, una mesa rústica y una silla tambaleante. En el centro, una chimenea de piedra llena de cenizas frías.
Tomás se quedó en la puerta, vigilando el claro y la ent