La sala principal del Tribunal Superior de Justicia de Aldería rezumaba una tensión palpable, un vapor denso de anticipación y miedo reprimido. El aire acondicionado zumbaba, incapaz de disipar el calor humano que llenaba hasta el último rincón de la galería pública. Periodistas, ciudadanos curiosos, simpatizantes y detractores se apretujaban en los bancos de madera oscura. En la primera fila, detrás de la mesa de la fiscalía, Luna y Mateo se sentaban juntos, sus manos entrelazadas sobre su reg