La habitación del hospital pareció encogerse con la información que trajeron Sofía y Miguel. La tranquilidad que había empezado a asentarse entre Luna y Mateo se evaporó, reemplazada por una alerta tensa.
—Un diario —repitió Mateo, soltando suavemente la mano de Luna para ponerse de pie—. ¿Qué más dice?
Sofía, apoyada en el marco de la puerta, recitó los hechos con su precisión habitual.
—La policía allanó un ático con vista al mar en Costa Esmeralda. Pasaportes de al menos tres identidades, do