El sabor de la derrota era amargo y metálico, como tragarse una moneda oxidada. Sentado en el lujoso despacho de su abogado, Mateo firmó la última de una pila interminable de documentos. Cada firma era una puñalada a la memoria de su padre, a la lucha de Luna, a todo por lo que habían sangrado.
—Con esto, la devolución de los bienes inmuebles está en proceso —dijo el abogado, un hombre mayor que había trabajado para Roberto y que ahora no podía mirar a Mateo a los ojos—. La renuncia a la presid