La mansión había dejado de ser un hogar para convertirse en un cuartel de guerra de papel y desesperación. Mapas, listas de propiedades embargadas y documentos legales cubrían la gran mesa del estudio. La primera llamada de Javier había sido solo un aviso. La segunda, llegada al amanecer, fue detallada y brutalmente específica. Mateo, con el teléfono en altavoz y el rostro tallado en granito, escuchó mientras el grupo contenía la respiración.
—Me alegra que hayas reunido a tu club de fans, Mate