Tres meses después.
La casa frente al mar en Punta Cana seguía exactamente igual… pero ya no era un hogar. Era solo un lugar con paredes y recuerdos.
Lia se despertaba todas las mañanas a la misma hora: las 6:47. Se sentaba en el balcón de Mateo con una taza de café que casi nunca terminaba y miraba hacia el horizonte. Como si esperara que su hijo apareciera caminando por la playa en cualquier momento.
Sofía y Lucas ya no preguntaban por él. Habían aprendido que cada vez que lo mencionaban, su