La noche del intento fue la más aterradora de sus vidas.
Eran las 3:14 a.m. cuando el sistema de alarmas de la casa segura se activó con un sonido ensordecedor.
Alejandro se levantó de un salto, tomó el arma que guardaba en la mesita y corrió hacia la habitación de Mateo. Lia ya estaba allí, abrazando al bebé que lloraba asustado.
—¿Qué pasa? —gritó ella, con la voz quebrada por el pánico.
—Alguien cortó la cerca trasera —respondió Alejandro, revisando las cámaras en su teléfono—. Hay dos hombr