La casa segura se sentía cada vez más como una cárcel.
Habían pasado cuatro días desde el traslado. Mateo ya empezaba a notar la tensión: estaba más irritable, lloraba más de lo normal y solo se calmaba cuando Lia lo tenía en brazos.
Lia apenas dormía. Se pasaba las noches vigilando la cuna, revisando las cámaras de seguridad en su teléfono y saltando ante cualquier ruido. Alejandro intentaba estar fuerte por los dos, pero sus ojos reflejaban el mismo agotamiento.
Esa mañana, mientras desayunab