Capítulo 36.

Capítulo 36.

Me desperté varias veces con náuseas y una sensación de ansiedad que no se me quitaba del cuerpo. No entendía cómo las podían llamar náuseas matutinas si yo las tenía todo el día. ¡Me sentía morir! Y encima no podía decir nada.

A la mañana siguiente, una de las empleadas dejó una bandeja con el desayuno en mi habitación. Junto al plato, una nota: “Hoy no tienes obligaciones. Descansa. Te quiero.” Ni siquiera me molesté en tocar la comida. Solo el olor del café me revolvía el estó
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