Capítulo 30.

Capítulo 30.

Gracias al cielo, Jorge no parece sospechar nada de lo que hice anoche. Hoy, nada más desayunar, recibió una llamada y salió disparado de la casa.

Pero no sin antes dejarme las nuevas reglas anotadas. Las he leído por encima y mi primera impresión ha sido reír por no llorar. Al menos puedo salir a la calle e ir a la universidad, pero claro, siempre acompañada de mis nuevos amigos.

También tengo un teléfono, pero el muy gracioso lo ha bloqueado y apenas si puedo llamar a nadie.

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