Una vez que dejaron a Victoria en el cuarto de juegos con una empleada, Rafael y Mónica volvieron a la oficina para darse un tiempo de calidad juntos.
Él se aseguró de ponerle seguro a la puerta, ya los habían descubierto varias veces en lo suyo.
La rubia se sentó encima del escritorio de madera, con cuidado de no tirar la computadora. Rafael se acercó a ella y acarició su mejilla con delicadeza.
—Todavía me pongo nerviosa cuando me tocas —susurró.
—Es por el tiempo que llevamos sin hacerlo,