Al día siguiente, Rafael hizo lo que prometió y acudió a la mansión de David, ya se sabía el interior de memoria de tanto que iba.
Lo primero que vio al entrar fue a un pequeño niño jugando en una alfombra, siendo cuidado por una sirvienta mayor que él recordaba.
Mónica le contó que ella la ayudó a escapar.
—Señora Delia —La saludó.
—¡Oh! —Se sobresaltó—. Bienvenido.
Le sonrió.
Ella estaba ocupada procurando que Mateo no se lastimara con el juguete de hierro que le compró su madre.
Rafae