—No quiere salir de su habitación —dijo Sara, cruzada de brazos.
Era el tercer día que Mateo iba de visita a la mansión Rowling para hablar con Victoria, pero ella se negaba a ver a los demás.
—¿Tampoco ha hablado contigo? —cuestionó el pelinegro, preocupado.
—Solo deja entrar a sus padres. ¿Qué fue lo que le pasó? —Frunció el ceño, ella no sabía nada.
—Terminó con su novio. Él la engañó —resopló, rascándose la nuca—. ¿Dónde está la señora Mónica? Me gustaría hablar con ella.
—Oh, en la co