—¡Hijo! —La señora lo abrazó al verlo.
—Oficialmente soy el líder, mamá —sonrió, satisfecho—. El abuelo podrá descansar.
—Mi niño… —Arrugó la frente—. ¿Estás seguro de esto? Apenas tienes veinte años. Puedes disfrutar tu juventud y no te juzgaré.
—Madre, quiero hacerlo —respondió, con determinación—. Por otro lado, ¿alguien me puede decir de una vez cómo se llama el ex de mi hermana?
—N-no creo que haga falta mencionarlo —rio Sara, nerviosa por lo que podía hacer su amigo—. ¿No tenías algo