Semanas después, Mónica tenía cita en el ginecólogo y fue acompañada de su esposo como de costumbre.
Ambos entraron al consultorio del ginecólogo cuando fue su turno, con una mezcla de nervios y emoción. Mónica, con una mano en su vientre, miraba a Rafael, quién le devolvía una sonrisa tranquilizadora.
El doctor los recibió con una cálida bienvenida y los invitó a sentarse, pues ya se habían visto muchas veces.
—Bienvenidos, supongo que están preparados para el día de hoy, será emocionante.