Mónica estaba sintiendo fuertes contracciones que no la dejaban caminar para pedir ayuda. Ella se había quedado sola en la habitación, muchos estuvieron encargándose de Elsa, pues tuvo a su hija hace una semana y fue por cesárea.
—¡C-cariño! —exclamó, alzando la voz como pudo.
El sudor recorrió su cuerpo, se apoyó de la pared con una de sus manos, estuvo a punto de caerse y sostuvo su enorme panza. Tenía ocho meses y medio, no creyó que el bebé saldría tan pronto.
Gritó muy fuerte, por el in