Mónica colocó ambas manos en el cuello de Rafael, era un baile lento y sensual, él sujetó sus caderas para sincronizar el ritmo.
En ciertas partes, le daba una vuelta completa y juntaban de nuevo sus frentes, con ojos cerrados, llenos de una inmensa paz.
Las emociones de Mónica estaban mezcladas en el buen sentido, porque disfrutaba de un baile con su esposo, mientras llevaba al fruto de ese amor en su vientre. No podía estar más feliz que en ese momento.
La música cesó.
—Lo hiciste increíb