Una semana después…
Victoria estaba entusiasmada y lista para ir a su primer día de clases. Sus padres la animaron diciendo que era una niña inteligente.
—¿Y ahora qué haré? —bufó Elsa—. Ya no podré cuidarla porque pasará mitad de día en la escuela.
Arrugó la frente.
—Debes preocuparte por tu bebé, Elsa —le dijo Mónica—. Te casarás con Camilo pronto, así que podrás seguir viviendo aquí como de costumbre.
—Lo sé, lo sé, pero extrañaré mis mañanas de juego con Victoria.
—¡Jugaremos de noche