Era viernes y Mónica asistió a su cita con el ginecólogo, estaba acompañada de su esposo, se sentía nerviosa por lo que pediría otra vez.
Ese doctor fue el que la ayudó en el pasado, le mandó varios tratamientos que aumentaron sus posibilidades y gracias a eso nació Victoria.
—¿Nerviosa? —Masajeó su pierna.
Esperaban en la sala de espera.
—Un poco… —confesó, mirando el cuadro en la pared—. La última vez que vine, me dijo que solo un milagro podía ayudarme a quedar embarazada una segunda vez