La llamada con los abogados duró cuarenta minutos. Elizabeth tomó notas aunque no era su trabajo hacerlo. Era algo que hacía cuando necesitaba tener las manos ocupadas, cuando la conversación en la habitación era del tipo que te obliga a existir en un lugar que preferirías no ocupar.
Jonathan habló poco. Escuchó, hizo dos preguntas precisas, firmó lo que le pusieron enfrente en la pantalla. Nada en su cara revelaba qué tan lejos estaba su cabeza de esa mesa.
Cuando cortaron la llamada, el silen