Jonathan arrancó el coche.
El silencio duró todo el trayecto. No era el silencio de trabajo de siempre, el que los dos sabían habitar sin incomodidad. Era otro. Más pesado. Del tipo que se acumula cuando hay algo que decir y ninguno de los dos encuentra la puerta.
Elizabeth no abrió el folder. Jonathan no encendió la radio.
Cuando llegaron al edificio, Jonathan se estacionó y apagó el motor. No bajó. Se quedó con las manos sobre el volante mirando el concreto del estacionamiento como si tuviera