Luna no era una mujer complicada.
Eso era lo que siempre había apreciado de ella: la claridad, la ausencia de doble sentido, la forma en que se movía por una habitación, por una relación y por una cama con la misma certeza sin complicaciones de alguien que sabía exactamente lo que quería y había decidido que quererlo era justificación suficiente para tenerlo.
Con Luna no había fingimiento, ni armaduras, ni humor negro para mantenerte a distancia. Ella era exactamente lo que aparentaba, y lo qu