Estaba en el sofá cuando salà de mi despacho, con las piernas recogidas bajo el cuerpo, fingiendo leer algo en su móvil con la concentración de alguien que, sin duda alguna, no estaba leyendo nada en su móvil.
Me quedé en la puerta mirándola un momento.
—PodrĂas haberte ido a la cama —le dije.
«Lo sé». No levantĂł la vista de inmediato, pero luego lo hizo, y sus ojos hacĂan eso que hacĂan cuando intentaba parecer más serena de lo que su cuerpo le permitĂa. «No tenĂa sueño».
Crucé la habitación y