Estaba afuera cuando llegó el mensaje.
No afuera del club, sino afuera en el sentido particular en que me encontraba fuera de todo: de pie en la oscuridad del callejón que discurría junto al Velvet Rose, con Marco a un metro y medio detrás de mí, mi teléfono en la mano y Elena adentro, teniendo la conversación que decidí dejarla tener porque tenía razón: era su club, su personal y su decisión. Yo estaba afuera, en la oscuridad, lidiando con esa experiencia particular.
Marco había estado callado