Marco pronunció el nombre.
Estaba de pie junto a la encimera de la cocina a la una de la madrugada, con la lluvia cayendo sobre las ventanas y la ciudad a mis pies, el teléfono pegado a la oreja, y oí el nombre. Me quedé en silencio un buen rato y sentí que el frío en mi pecho se transformaba en algo más, algo que no era frío ni cálido, algo que se instalaba en ese lugar específico donde se aloja la traición cuando viene de algún sitio al que no has estado vigilando porque no has creído necesar