Me puse ropa cómoda para el entrenamiento: unos pantalones ajustados y una blusa de cuero negra que me hacía sentir lista para pelear, pero también un poco audaz. Demon sonrió al verme y, con una mirada de aprobación, me llevó a un área al aire libre que se asemejaba a un ring de combate.
—Aquí es donde comenzaremos a trabajar en tu fuerza y agilidad —dijo, mientras me guiaba hacia el centro.
Su presencia era reconfortante y, al mismo tiempo, electrizante. Comenzamos el entrenamiento, practic