Narra Luna:
Los días empezaron a pasar muy rápido y cada día mi humanidad era menor. Mis orejas puntiagudas y esa cola peluda de loba ya no desaparecían por mucho que intentara concentrarme o respirar hondo, como si mi cuerpo hubiera decidido que ya estaba harto de fingir ser humana. Al principio, me daba un poco de corte salir así, con las orejas asomando por debajo del gorro y la cola metida en los pantalones como si fuera un chorizo mal escondido. Pero pronto, ni eso. Me quedé encerrada en l