Narra Luna:
Los días empezaron a pasar muy rápido y cada día mi humanidad era menor. Mis orejas puntiagudas y esa cola peluda de loba ya no desaparecían por mucho que intentara concentrarme o respirar hondo, como si mi cuerpo hubiera decidido que ya estaba harto de fingir ser humana. Al principio, me daba un poco de corte salir así, con las orejas asomando por debajo del gorro y la cola metida en los pantalones como si fuera un chorizo mal escondido. Pero pronto, ni eso. Me quedé encerrada en la cabaña, mordisqueando lo que pillaba, sintiendo cómo el instinto animal me invadía como una ola que no para de crecer. Joder, era como si mi cerebro se hubiera ido de vacaciones y solo quedara el hambre, el sueño y esa indiferencia absoluta por todo lo demás.
Demon intentaba estar cerca de mí porque era mi mate, o eso decían. El pobre se esforzaba, trayéndome flores silvestres o intentando contarme chistes malos para sacarme una sonrisa. Pero yo, con mis emociones congeladas en algún rincón pe