La luna brillaba con fuerza aquella noche, y me sentía atrapada en un torbellino de emociones que me erizaban la piel. Demon había hecho todo lo posible por protegerme, pero el collar, el único objeto que podía mantener a raya a James, había caído en manos del vampiro. Las heridas de su manada aún estaban frescas en mi mente, y la rabia de Demon resonaba en cada rincón de la casa.
—¿Por qué no lo trajeron? —su voz era un trueno, y su mirada ardía con el fuego de mil tormentas.
—No pudimos, Dem