Narra Luna Salvatore:
Me desperté… ¡qué raro! Me sentía… diferente. Como si algo dentro de mí hubiera cambiado. Fui a la cocina, donde Demon ya estaba desayunando. Le planté un beso, uno de esos que te dejan sin aliento, con chispas amarillas en los ojos. Agarré un filete directamente de la nevera y me lo comí de un mordisco. ¡Con los colmillos, claro! Demon, mi lobo precioso, se me quedó mirando con la boca abierta. Y no era para menos. Llevaba una chaqueta de cuero con tachuelas plateadas,