Constanza entendió que ser una Maidalkini era ser fuerte, era aceptar sus responsabilidades y cumplir con su deber de forma impecable. La boda se celebró en primavera, las flores estaban más hermosas que nunca, el olor a limón invadia los jardines de la iglesia de la ciudad.
-Nerviosa? - le preguntò Ricardo mientras se sacudìa y se restregaba las manos.
Parecía màs nervioso que ella, en efecto, ella no estaba nerviosa, simplemente melancólica recordando que había sido en un día de primave