En la mañana despertó en su cama, bañada en sudor. Levantarse se le hacía dificil, su cuerpo se sentía pegado a la cama, tal vez el sudor nocturno había hecho un pegamento entre ella y las sabanas o su sangre se había convertido en el mismo marmol que había formado los angelitos de las fuentes del jardín. La fiebre era leve su toz era persistente y había comenzado a escupir sangre.
-Mandaré a un mensajero a llamar al medico, las personas no escupen sangre por un resfriado.- Ricardo estaba des