— ¿Sam?— Oigo su voz al otro lado de la puerta, pero la ignoro.
Él no tiene ese maldito derecho de decir lo que quiera, y luego venir aquí con una cara seria y hablar conmigo.
— Escúchame por favor solo te pido un minuto.— dice de nuevo, respiro hondo y camino hacia la puerta, pero no la abro.
— ¿Qué quieres Jordán?— Estoy apoyado contra la pared.
— ¿Puedes abrir esa m*****a puerta? quiero mirarte.— dice y da una risa sarcástica.
— ¿Para que? ¿Mírame mientras me arrojas tu m****a a la cara solo