Orazio maldijo su suerte, las cosas no salieron cómo esperaba, no era así como quería decirle a Marko lo que había hecho, quería hacerlo después de haber obtenido resultados favorables, donde solo recibiría elogios de su primo. Ahora Marko se veía más tenso que nunca. Orazio se sentía incómodo, la vista de los presentes estaban fijos en ellos, y no quería verse débil, así que intentaría llevarlo a su terreno.
—¿Podemos hablar en mi oficina? No quiero espectadores cuando te explique mi decisión