Matías siente a lo lejos un ruido extraño, se levanta con cuidado de no despertar a su princesa y sale a ver qué pasa, olvidando por completo que está desnudo. Cuando llega a la sala, se encuentra a los cuatro hombres allí, muertos de la risa, pero la pierden en el momento que posan su mirada en el policía.
—Mi3rda, Matías… —dice Dan.
—¿Y con eso haces sonreír a la princesa? —le dice James, Matías se mira y toma un cojín para cubrirse—. Gerard, si tu princesa no se queda embarazada, va a ser un