CAPÍTULO 97: EL HIJO DE NADIE
Maddison
Cuando entro al despacho de Jonathan, ya sé que algo ha cambiado. Lo noto en la forma en que el investigador me mira, en el leve movimiento de su mano al ajustar los papeles sobre la mesa y la tensión sutil en el rostro del viejo mientras se pone de pie para saludarme. No me sonríe esta vez. No porque la noticia sea mala, sino porque sabe que lo que está a punto de decirme puede cambiarlo todo.
—Hemos rastreado la matrícula —dice el investigador, sin rodeo