Derek
Despierto con el pecho apretado otra vez. Otra maldit4 vez. Es como si mi cuerpo se negara a aceptar esta vida que supuestamente es mía. El techo blanco de la habitación me recibe como cada mañana, sin respuestas, sin rostros y sin sentido. Pero esta vez hay algo distinto, el sueño fue más claro. No fueron solo voces o sombras, fue ella. Una mujer, su abrazo, el calor de su piel contra la mía, el susurro de su risa, tenue, casi imperceptible, pero tan real que juraría haberla escuchado al