CAPÍTULO 85: EL RUIDO DEL RESCATE
Maddison
El motor del auto suena como un tambor en mi pecho. Cada latido me retumba en los oídos. No sé cuánto llevo conduciendo, no sé si pasaron minutos o una eternidad desde que abrí ese mensaje anónimo con las coordenadas y la advertencia. “Si quieres que viva, ven sola.” La frase todavía me tiembla en la nuca. El celular descansa en el asiento del copiloto, iluminado por la tenue luz de pantalla. Lo reviso compulsivamente, aunque no ha vuelto a sonar. Ning