CAPÍTULO 28: LA AMENAZA DEL APELLIDO KINGSLEY
Derek
El sonido de mis propios pasos resuena cuando cruzo el vestíbulo de la mansión. Es temprano, pero ya quiero un trago. No he dormido desde que supe dónde está y vi a Andrew Morgan entrando como perro por su casa al departamento de Maddison.
La mansión Kingsley huele a dinero viejo, a poder enquistado entre paredes cubiertas de historia y secretos, pero esta mañana, huele a algo más, a tensión.
—Estás en casa —dice una voz grave detrás de mí.
Me